7 acciones en 7 días para una #SemanaCeroResiduos

Más del 60% de los residuos termina vertederos o rellenos sanitarios. La capacidad de estos sitios de disposición final es limitada, requieren de mucho espacio y de recursos para ser adecuadamente administrados. En el caso de Monterrey nuestro relleno sanitario tiene un tiempo de vida estimado de 8 años más para recibir el mismo ritmo de residuos que actualmente procesa. ¿Qué haremos después?

#ZeroWasteWeek es una iniciativa de concientización para reducir los residuos mandados a vertederos. En 2017 se festeja esta semana y por eso les quise resumir siete actividades sencillas que pueden adoptar como parte de este reto!  Una para cada día.

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Lunes – adiós botellas de plástico

Es importante tener nuestro cuerpo y cerebro hidratados para poner lo mejor de nosotros en todas nuestras actividades, y así empezar la semana con la mejor vibra. Y qué mejor que hidratarlo  sin contaminar!

Rechazar botellas de plástico es de las actividades más sencillas y al mismo tiempo de mayor impacto para reducir nuestros residuos. Cada botella consumió casi 3 veces más agua de la que contiene para ser producida, y puede costar hasta 1,000 veces más que la de la llave. Así que no solo ahorras basura, también contribuyes a la conservación del agua, ¡y ahorras dinero! Botellas de plástico nunca más.

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Martes – bolsas de tela al supermercado

Si eres como la típica familia que acostumbra el martes de frutas y verduras en el supermercado o frutería local, entonces aprovecha para ir preparado y llevar contigo bolsas de tela. Las bolsas de plástico desechables son de las mayores causantes de contaminación en ciudades, se reciclan poco y casi no se pueden reutilizar.

Desde las que usamos para cargar el mandado como para las que se usan para guardar la fruta de manera individual, todas las podemos sustituir con materiales durables que eviten el desecho.

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Miércoles – repara algo tú mismo

Esto quizás no es algo que realices todas las semanas porque no todos nuestros artículos requieren reparación, pero dedicarle tiempo a reparar algo que hace tiempo que no usamos nos ayuda a evitar muchos residuos. Una costura a una prenda, un poco de pegamento a algo roto, o incluso limpiar la memoria de tu computadora o tu celular. Estas acciones nos ayudan a incrementar el tiempo de vida útil de nuestros objetos  y volverlos a usar, para no tener que caer en comprar algo nuevo y probablemente empacado. Reparar es parte de la jerarquía de los residuos.

Jueves – rechaza los popotes

Decir no a los popotes es algo que ya debería ser de fault en nuestro día a día. Son estrictamente necesarios bajo pocas circunstancias y sin embargo diariamente se usan y desechan más de 500 millones tan solo en Estados Unidos. QUINIENTOS MILLONES. Perdonen por la mayúscula y el énfasis pero es que mi cabeza no puede procesar ese número enorme de popotes por cada día. Y cada uno fue útil por menos de 30 minutos y se pasarán más de 500 años en que se degraden completamente.

Así que di no a los popotes desechables. Los jueves y todos los días, durante la semana #zerowaste y todas las semanas. Opta por uno reutilizable o bien disfruta tu bebida sin él.

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Viernes – Lleva tu propio vaso a la fiesta

En viernes lo que más queremos es salir a despejarnos del trabajo o la escuela, y para muchos eso significa salir con amigos o tu pareja a pasar el rato. Si es tu caso, e irás a alguna reunión o fiesta, vete preparado. La probabilidad de que haya puros cubiertos desechables es muy grande,  te encontrarás con en infame SOLOcup o peor ¡hechos de unicel! Mejor aprovecha para llevar contigo tu vaso, frasco o termo y si puedes también tus cubiertos y evitarás mucha basura de un solo uso. A mí me funciona dejar mis recipientes en mi carro para no traerlos cargando y en caso de que sean necesarios ya voy por ellos y los lavo antes de regresar.

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Sábado – haz una actividad al exterior

Esta puede sonar algo fuera de tema, pero sí sirve. Cuando salimos a pasear a un centro comercial o a un lugar como el cine estamos expuestos todo el tiempo a generar residuos mediante el empaque de comida, tickets, bolsas de compras, etc.

Salir a pasear al parque, hacer un picnic, andar en bicicleta, etc. son actividades que igual nos hacen pasar un buen rato y pueden perfectamente no generar residuos. En mi ciudad estamos rodeados de montañas y espacios naturales – Chipinque, La Estanzuela, La Cola de Caballo, Cerro de las Mitras – que  resultan una buena opción para pasar el día.

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Domingo – prepara los alimentos de tu semana

Si eres como yo y andas para todas partes durante la semana sabes que el tiempo para prepararte de comer es muy limitado. Esto incrementa el riesgo de pedir alimentos para llevar llenos de desechables.

Así que por las últimas semanas he intentado destinar el tiempo de mi domingo en cocinar previamente los alimentos de mi semana. Voy al supermercado temprano por cualquier ingrediente que me haga falta y me pongo a hervir, hornear, cocer, etc. Y una vez que esté todo listo lo conservo en el refrigerador en recipientes reutilizables. Después les comparto algunas de mis recetas favoritas!

#ZeroWasteWeek siempre!

Espero estas siete acciones les aporte en su camino a generar menos residuos. ¿Cuáles ya aplican? ¿Se les ocurre alguna otra? Platíquenme sus favoritas y podemos armar una lista de tips para compartir!

Nos leemos,

Karla

El orden sí importa: la jerarquía de los residuos

“El futuro pertenece a aquellos que entienden que hacer más con menos es compasivo, próspero y duradero, y por lo tanto más inteligente, incluso competitivo”

– Paul Hawken

Creo que fue en cuarto de primaria cuando por primera vez conocí el término de las tres R’s: reducir, reusar, reciclar.  No era parte del contenido de una clase, sino una introducción para poder hacer un proyecto del Día de la Tierra en el que reutilizábamos una botella de plástico para hacer una manualidad.

Después empecé a reconocer el símbolo de las tres flechas en diversos lugares, a veces para explicar que el material era reciclable, y a veces para dar un mensaje ambientalista.

Fue hasta que me incorporé a este nuevo estilo de vida que he reconocido su valor, el porqué de ese orden, y más que nada cómo es que se aplica directamente a la generación de residuos. Así conocí la llamada jerarquía de los residuos.

La jerarquía

La inmensidad de residuos que generamos como sociedad es difícil de conceptualizar: cada año disponemos de 2.12 mil millones de toneladas de basura  – ¿en dónde toda esa basura?

La jerarquía de residuos es un orden de preferencia para el manejo eficiente de los recursos que busca reducir el impacto ambiental mediante la prevención, reutilización, reciclaje y recuperación, evitando en la medida de lo posible la disposición a vertederos. El movimiento cero residuos (zero waste) está impulsado por este modelo ya que quiere evitar a toda costa la disposición final de residuos mediante una serie de prioridades.

Coloquialmente le llamamos a este sistema como las tres R’s. Sin embargo recientemente se expresan “nuevas” R’s, como rechazar, repensar, recuperar, reparar, etc. Todas son válidas y todas forman parte de esta jerarquía, que al final, como ya comenté, lo que quiere conseguir es que se evite enviar los residuos a los vertederos o rellenos sanitarios. Pueden ser resumidas en las categorías de este diagrama, que por su orden y tamaño, indican la preferencia de acción conforme al uso de los residuos.

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Reducir

Reducir es esencialmente dejar de consumir. Por ejemplo para el uso sostenible de los recursos naturales se propone que se reduzca la cantidad de materias primas vírgenes, forzándonos como sociedad a encontrar alternativas de materiales que no pasen por el proceso de extracción que dañan y contaminan los ecosistemas.

Es el primer paso porque aquí buscamos que el residuo ni siquiera exista. Menos residuos significa menos materiales que tenemos que reusar, reciclar, recuperar o disponer (los otros rubros en la jerarquía).

Dentro de la R de Reducir podemos encontrar más R’s que nos guían a tomar mejores decisiones:

  • Rechazar: decir que no puede ser difícil al principio e intimidante para quienes no tenemos las mejores habilidades de comunicación social; pero tan solo pensamos en la cantidad de basura e impacto que evitamos con el simple hecho de rechazar! Pedir tu bebida sin popote, pedir que no te incluyan cubiertos y servilletas al pedir para llevar, comentar que no necesitas ticket de compra, decir no a cuando te entregan publicidad en la calle, etc. De la misma forma que rechazamos empaques plásticos o no biodegradables cuando hacemos nuestras compras.
  • Repensar/Reconsiderar: esta R está muy vinculada al consumo responsable, pues nos obliga a pensar más en qué es lo que compramos y a quién se lo compramos y por qué lo compramos. Desde los alimentos hasta nuestra ropa o muebles. ¿De verdad me voy a comer eso o solo estoy antojada? ¿Si necesito otro par de zapatos? ¿Habrá manera de comprarlos de segunda mano? Al pensar dos veces antes de adquirir algo podemos reducir en gran medida los residuos que generamos, la comida que desperdiciamos (1.3 mil millones de toneladas de comida son desperdiciados al año) y los objetos que nunca usaremos.
  • Rediseñar: una R clave para los tomadores de decisión. Ya sea que esté en proceso un nuevo producto, o se esté discutiendo una política pública en torno al medio ambiente, se debe tomar en cuenta esta jerarquía para el diseño de los mismos. Nuestros procesos actuales van alineados a una economía que promueve mucho la disposición final, pero dentro de nuestro sistema finito en recursos (la Tierra) debemos pensar en nuevas soluciones y nuevos productos que eviten este concepto. Por eso es muy importante que se incorpore esta R desde las discusiones iniciales: buscar mejores proveedores, materiales reciclados y reciclables, diseñar sin empaque o empaque mínimo, promover economías locales, incentivar las compras conscientes, etc.

Reducir termina siendo en su mayoría un paso de examinación y reflexión. ¡El 99% de las cosas que compramos terminan en la basura en un promedio de 6 meses! Esto deja en claro que muchísimas cosas que adquirimos ni siquiera las ocupábamos o no procuramos una opción más duradera y sostenible.

Reusar

Reusar es el hecho de volver a darle uso a un objeto que ya cumplió con su propósito original. Parece una acción muy sencilla, y lo es, sin embargo su práctica no es tan común como uno pensaría. Y  muchas veces es malinterpretado.

El típico ejemplo que se me ocurre es el del “papel reciclado”. Cuando estaba en secundaria las maestras nos empezaron a indicar que la tarea se podía entregar en lo que ellas llamaban papel reciclado. ¿Lo que era? Usar hojas ya impresas por el lado que no tenían nada escrito. Eso no es reciclar (más adelante la explicación de este concepto), y tampoco es reusar. La hoja de papel tiene dos lados – la hoja se usa por los dos lados. Usar el otro lado de la hoja de papel es simplemente usar la hoja.

Otro ejemplo claro es el rellenar una botella de plástico. Muchos amigos y alumnos me han dicho que no hay problema con comprar agua en botella que al cabo la “reciclan”, queriendo decir la rellena una vez que está vacía. De nuevo, eso no es reciclar. Rellenar la botella es reusar, pues solo se le está dando un segundo uso (aunque es el mismo) después del original.

Reusar o reutilizar es encontrarle un segundo uso a algo que ya fue utilizado sin necesidad de procesarlo. Reutilizar ropa vieja como trapos para limpiar la cocina o muebles, utilizar contenedores de paquetes como macetas, frascos de vidrio como contenedores de comida, etc. Todas las manualidades hechas con materiales “reciclados” son en verdad parte de este rubro de la jerarquía – simplemente estamos reusando los materiales para darles un segundo propósito.

 

Dentro del rubro de reutilizar podemos encontrar otras R’s:

  • Reparar: seguro todos hemos oído la expresión “ya no lo hacen como los de antes” refiriéndose a algún producto en específico. ¡Y es verdad! Muchos de los productos que adquirimos y usamos hoy en día están diseñados para descomponerse en un periodo de tiempo corto. Nos programan a los consumidores para ya no buscar reparaciones, si no sustituir por completo el aparato con uno nuevo. Este sistema no es equiparable con la jerarquía de los residuos y por supuesto que tampoco con el medio ambiente. Parte de este proceso es buscar que nuestros productos tengan un periodo de vida útil más largo, y reparándolos es una gran forma de lograrlo. Ya sea que se cayó un botón en tu camisa, se desatornilló parte de un mueble o se descompuso la televisión, buscar reparación va a evitar que dicho objeto termine como basura.
  • Restaurar (renovar, remodelar): esta R nos invita a hacer de las cosas que ya tenemos unas más bonitas para que nos vuelva a dar ganas de usarlas. Como tapizar un sillón que quizás ya está muy gastado y el color ya no combina con el resto de la sala, o cambiarle los botones de una chaqueta por unos más llamativos que vayan con lo que está de moda. Es simplemente embellecer nuestros actuales objetos para que sigan sirviendo y siendo usados.
  • Remanufacturar: a un nivel más industrial, remanufacturar sirve para aprovechar los materiales y partes ya disponibles y darles un segundo uso. Como cuando utilizan piezas de otros objetos para reparar el tuyo. Esto le ahorra a las industrias muchos recursos, entre ellos tiempo, dinero y materiales.

Reusar es un paso en la jerarquía que nos invita a ser creativos e innovar. Hay que trabajar con lo que ya tenemos y encontrar la manera de aprovecharlo.

Reciclar

Reciclar es el proceso de convertir o transformar materiales “desperdiciados” (que ya no tenían uso como estaban) en nuevos materiales y objetos. Como es un proceso, principalmente industrial, consume recursos para ser realizado, entre ellos agua, energía y mano de obra.

Reciclar es quizás la R más mencionada de la jerarquía. Mucho del reciclaje inició en el siglo pasado cuando se empezaron a reciclar piezas de metales durante las guerras mundiales para ser utilizadas en nuevos productos debido al alto costo de la extracción. Hoy en día la actividad se ha convertido en algo de moda pero también algo que motiva a las industrias y empresas a innovar, pues cada vez hay más requisitos a nivel gubernamental para incorporarlo a sus procesos. Incluso podemos encontrar certificaciones tipo ISO al respecto (ISO 15270:2008 e ISO 14001:200).

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Productos desechables hechos con materiales reciclados

Reciclar presenta por sí solo muchos beneficios: beneficios económicos pues genera empleos, y es una industria en constante crecimiento. Tan solo la industria de reciclaje de textiles en Estados Unidos emplea a más de 17,000 personas y cada vez se encuentran más aplicaciones para su uso como aislantes, fibra de panel y colchones, lo cual impulsa también la innovación con el uso de materiales.

También significa un ahorro en energía. Usar materiales reciclados consume menos energía que la consumida en la extracción. Para el caso del plástico es un ahorro del 66%; en el aluminio se consume la misma energía extrayendo material para una sola lata que para reciclar 20 latas.

Por último, reciclar evita muchas emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera (al igual que reducir y reutilizar). Al usar papel reciclado en lugar de virgen se reducen las emisiones de contaminantes al aire en un 73%. Si se reciclaran las dos toneladas de textiles que se desechan al año en Estados Unidos se reducirían las emisiones equivalentes a un millón de automóviles circulando por la calles. ¡Eso es un gran impacto!

Nosotros podemos promover el reciclaje desde nuestra trinchera al preferir productos hechos con material reciclado en lugar de virgen, separar adecuadamente nuestros residuos reciclables para facilitar su aprovechamiento y realizar composta (reciclaje natural de los residuos orgánicos). La primera es quizás la que más se promueve como una acción para reducir el impacto ambiental, porque no dejas de comprar – simplemente adquieres algo con “menor impacto”. Comprar productos reciclados ha sido la manera de hacernos sentir mejor con nuestras decisiones de compra, pero no es suficiente. Y es aquí donde a mí me causa tantito problema que se promueva tanto el reciclaje y no las otras dos R’s previas. Por ello reciclar es la tercer opción dentro de la jerarquía de residuos – sí ayuda a reducir los residuos desechados en rellenos sanitarios, pero no es la única solución.

Por ejemplo, en el caso del plástico, a pesar de ser completamente reciclable, cerca del 40% del total usado en el mundo termina en vertederos. Tan solo en Estados Unidos en el año 2012 se destinaron 32 millones de toneladas de plásticos a estos sitios. De los textiles cerca del 100% son reciclables y sin embargo solo se llega a reciclar el 16.2%. Nuestro sistema actual no está preparado para reciclar todo el material reciclable. Faltan muchas políticas públicas que forjen a las empresas a hacerlo, faltan muchos incentivos económicos, falta un gran cambio cultural. En él mientras, debemos seguir ese orden de jerarquía para evitar un mal aprovechamiento de los residuos.

Recuperar

Recuperar ha sido una iniciativa un tanto reciente y principalmente destinada al aprovechamiento energético de los residuos. En este rubro se realizan procesos para convertir los residuos en combustible líquido, biogás o electricidad.

En el caso del combustible líquido está el ejemplo del bioetanol, producido a partir de la fermentación de azúcares encontrados en biomasa (como residuos agrícolas)  o biodiesel, producido a partir de aceites vegetales o animales residuales. Estos combustibles son competitivos con otros combustibles en el mercado como la gasolina o diésel, y utilizados con muchas aplicaciones.   En Brasil por ejemplo la mayoría de los vehículos funcionan con bioetanol obtenido a partir del aprovechamiento del bagazo de caña de azúcar. En Reino Unido cuentan con una línea de tren funcionando con biodiesel producido de otros aceites desechados de otras actividades.

El biogás se obtiene a partir de la descomposición de materia orgánica en ausencia de oxígeno. Es un gas rico en metano y dióxido de carbono, dos gases de efecto invernadero con un gran potencial de calentamiento, por lo que es importante evitar su emisión a la atmosfera para prevenir problemas como el calentamiento global. La generación de biogás es considerada una fuente de energía renovable pues su producción es continua y no genera emisiones como tal. Este gas puede utilizarse en las mismas aplicaciones que el gas natural, incluso como combustible para transporte. Así mismo puede usarse de manera directa para alimentar un proceso industrial o generar electricidad.

Este proceso es familiar en mi ciudad. El relleno sanitario SIMEPRODE (Sistema Integral para el Manejo Ecológico y Procesamiento de Desechos) cuenta con dos celdas de descomposición donde se genera  electricidad a partir del biogás. Monterrey I genera 7.4 MWh (mega watt hora) y Monterrey II genera 10 MWh, los cuales alimentan la mayoría de la luminaria pública de la ciudad y el funcionamiento del metro (así que cuando viajas en metro en mi ciudad haces doble reducción de impacto ambiental = transporte colectivo + energía alterna). Además de la electricidad, el proyecto también funge como un comercializador de bonos de carbono que se venden en el mercado. Al año evitan un total de 560,000 toneladas de CO2 a la atmosfera, lo que equivale a evitar 170,000 carros circulando o bien la compensación que darían 500 hectáreas de árboles.

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Los generadores de electricidad con biogás en SIMEPRODE

La verdad es que con la cantidad de residuos que se generan actualmente y el ritmo de descomposición es suficiente para generar energía por los siguientes años. No debemos confiarnos en que todos nuestros residuos van a ser aprovechados como energía. Sigue siendo una opción versus destinarlos al relleno sanitario o vertedero, pero recordemos que según la jerarquía hay alternativas mejores para ellos.

Además no deja de ser riesgoso porque para generar energía por conversión térmica muchas veces se utiliza la incineración. Si la basura presente no estuvo bien separada hay riesgo de encontrar residuos tóxicos que en combustión generen gases contaminantes. Estos pudieran dañar el equipo de generación y también liberarse a la atmósfera.

Vertedero

Vertederos, rellenos sanitarios, basureros o tiraderos. Como sea que se les conozca todos significan lo mismo: el sitio donde se deposita finalmente la basura. Aquella basura que, en teoría, ya no consiguió otro uso y no pudo ser reducida o recuperada de acuerdo a la jerarquía.

Si los residuos llegaron al vertedero significa que algo en la cadena completa no fue planeado de la manera correcta. No se utilizó el material óptimo, no se diseñó apropiadamente el producto, no se buscó reparar o reutilizar el material del que estaba hecho, cuando fue desechado no se separó para su apropiado reciclaje o recuperación, etc. Este es el proceso que a toda costa queremos evitar pues aquí ya solo se compacta la basura y ya no tiene ningún uso. En una jerarquía “cero residuos” este rubro no existe.

Lamentablemente los vertederos o rellenos sanitarios han sido la solución a los residuos por mucho tiempo. De hecho es el método más antiguo que se conoce para lidiar con ellos y en muchos sitios sigue siendo el único debido a que no se cuenta con otro tipo de infraestructura (centros de acopio, plantas de reciclaje, generadores de biogás, etc.). Sigue siendo una solución más barata que reciclar o recuperar y en muchas ocasiones se realiza de manera clandestina, por lo que también hace falta regulación y políticas en el tema.

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Lo mínimo que se puede hacer es procurar que la disposición tenga el menor impacto posible. Que de haber materiales peligrosos sean confinados de manera apropiada, que si hay cuerpos de agua cerca o ecosistemas terrestres se evite cualquier derrame o dispersión de residuos (sobre todo de lixiviados), y que se tenga completo control sobre la infraestructura del relleno para maximizar su vida útil.

Podría decirse lo peor es cuando los residuos ni siquiera llegan a confinamientos controlados y terminan en ecosistemas naturales contaminando y dañando la biodiversidad. Aproximadamente 10 a 20 millones de toneladas de plástico terminan dentro de los océanos cada año. Muchísimas especies como aves, peces y mamíferos terminan atrapados entre pedazos de plástico flotando en el agua, y otros lo ingieren al confundirlo con comida.

El orden sí importa

Rechazar, reducir, reusar, remodelar, reparar, reciclar, recuperar… utilizar estas R’s en nuestro día a día nos orienta a tener una vida con un menor impacto ambiental, en la cual valoramos más lo que tenemos y nos convertimos en consumidores conscientes.

La jerarquía está diseñada para que se aplique a cualquier nivel, desde un consumidor hasta una industria. De hecho, también sirve como instrumento para que los gobiernos (municipales, estatales o federales) diseñen políticas públicas en favor de un aprovechamiento eficiente de los residuos.

Tener la jerarquía ha ayudado a fortalecer está dinámica para promover la inversión en políticas y soluciones más orientadas a la prevención de los residuos. Así mismo guía a los diseñadores y proveedores a una estructura de innovación para generar productos cada vez más amigables con el medio ambiente, con mejores materiales y con tiempos de vida útil más sostenibles. Al final, su uso provee instrumentos de planeación para quienes proponen soluciones en residuos en nuestra sociedad actual.

Así que, ¡a usarla! ¿ustedes ya la han implementado en sus vidas?

Nos leemos,

Karla

Fuentes:

The Balance, EPA, WorldWatch, FAO, Zero Waste International Alliance, Conserve Energy

¿Qué aprendí en #JulioSinPlástico?

Oficialmente es agosto y eso marca el fin del reto #JulioSinPlástico. En un post pasado les había platicado de qué es la iniciativa y qué busca conseguir, dado que con mucho entusiasmo este año decidí aceptarlo. Sin ser redundantes si fue algo retador pero el proceso fue de gran aprendizaje y muy interesante.

La intención principal era dejar de consumir plástico desechable o de un solo uso. Es decir, procurar artículos que muestran ser una alternativa más sostenible por el simple hecho de ser reutilizables y más durables que estos plásticos. Quizás haya plásticos que se usen de manera justificada como aquellos dentro de los hospitales/medicina o para la construcción, etc. por lo que la batalla por rechazar es precisamente con estos plásticos que son útiles por minutos y después se convierten en basura casi de manera permanente.

El reto propone principalmente rechazar (#choosetorefuse) las bolsas, los popotes, las botellas y los vasos de plástico. A estos se les llaman “los grandes cuatro” (the big four en inglés). Sin embargo yo quise escalar un poquito más el reto, como muchos otros zero wasters en el mundo, y rechazar todo tipo de plástico durante este mes. Total, es mi objetivo con este nuevo estilo de vida.

Para medir qué tan bien cumplí con el reto utilicé los recursos de la página oficial de Plastic Free July. Está muy genial porque te ayuda a darte cuenta de todos los plásticos que comúnmente utilizas y te instruye en cómo sustituirlos. De la guía de acciones, completé las siguientes:

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Unas fueron más fáciles que las otras: rechazas bolsas de plástico porque siempre traigo conmigo las de tela o mi mochila, comprar fruta y granos a granel y evitar el empaque, no utilizar popotes porque simplemente no son necesarios (pero en caso de que sí traigo siempre el mío reutilizable), y no comprar agua embotellada. Otras cosas que pude hacer este verano que también estaban en la lista pero que comúnmente no hago (y quiero incorporar a mi vida) es el recoger basura que vea en la calle o parques. Este verano lo hice en las playas que visité en mis vacaciones y ahora lo quiero replicar aquí en mi ciudad.

De las que no pude hacer ha sido el sustituir las bolsas de basura de mi casa y productos de limpieza sin plástico. Tengo pendiente buscar recetas de detergentes alternativos cuyos materiales no vengan envueltos en plástico o también buscar donde comprarlo por gramaje y así evitar los botes. Y en cuanto a la basura que sale de mi casa pues seguimos separando todo y ya solo tirar lo mínimo, pero si lo hacemos en bolsas aún.

En cuanto a los cubiertos, después de la experiencia en mi viaje decidí adquirir unos cubiertos para siempre traer conmigo y así lo que quedó del mes pude evitar los desechables.

Otros plásticos que generé durante el mes fueron un par de toallas sanitarias y unos empaques de medicinas. Las toallas fue por mera emergencia pues no venía preparada con mi copa en el momento que lo necesité, así que pasé a una farmacia a adquirirlas. Y pues ahí es plástico por todas partes: el empaque, la envoltura y la toalla misma. En el caso de las medicinas pues regresando de viaje contraje una infección en el estómago y tuve que estar en tratamiento. Las pastillas venían empacadas individualmente en plástico.

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Al final de nuevo fue un gran proceso de aprendizaje de cambiar hábitos y encontrar soluciones en cada situación donde se te presenta el reto. Algunas de las cosas buenas que adopté y que me di cuenta es que comía más sano porque la mayoría de la comida chatarra viene empaquetada (aunque si sí quieres te puedes poner creativo) y que mejoré en mi disciplina y rutina diaria porque era de siempre checar que trajera conmigo mis envases y bolsas y planear mejor todo lo que iba a hacer durante el día.

Así que el reto no acaba hoy, continua por todo el año y lo que viene. Espero se hayan sentido motivados a adoptar este estilo de vida después de este mes. Si pueden ver por la tabla hay acciones que por más sencillas que sean contribuyen a la mitigación del cambio climático y la aportación a la limpieza de océanos, así que su impacto va más allá de solo evitar residuos!!!

¿A ustedes como les fue?

Nos leemos,

Karla

Mi primer viaje cero residuos

En este año he realizado algunos viajes de fines de semana donde, acorde a este nuevo estilo de vida que quiero adoptar, he intentado reducir mi cantidad de residuos. En ellos hice pequeños cambios como comprar menos recuerditos, hacer check-in en línea, cargar con mi popote de acero inoxidable, etc.

Pero en esta ocasión mi viaje no iba a ser de fin de semana, sino de 10 días. Además, viajaría con toda mi familia, a un lugar que no conozco y en pleno Julio sin Plástico.

Me comprometí de manera más firme a pasar todo el viaje sin generar basura plástica y no biodegradable. Preparé todo con tiempo y utilicé muchos de los tips que les compartí la semana pasada. Ya de regreso quería escribir sobre los aprendizajes que tuve.

Involucrar a tus acompañantes de viaje al proceso

En mi familia somos 6 personas son gustos e intereses completamente diferentes, por lo que llegar a un acuerdo sobre un tema suele ser algo complicado. A veces hasta para decidir a dónde ir a comer resulta en un debate. Sin embargo, ellos están familiarizados con mi compromiso al medio ambiente y entonces previo al viaje les expuse que iba a estar evitando todo tipo de empaques plásticos. Esto no lo hice para obligarlos a que ellos también lo hicieran, porque no estoy pretendiendo obligarlos a que cambien su estilo de vida. Pero si me sirvió para que cuando estuviéramos en algún restaurante o actividad me apoyaran en encontrar alternativas no empacadas y pues también como apoyo moral. La verdad les agradezco su disposición al cambio, ya para media semana cualquier miembro de mi familia pedía sus bebidas sin popote y sin envases desechables!!

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una de las playas que conocí en San Pancho, Nayarit

Siempre llevar todo tu kit contigo

SIEMPRE. Pensé que sería una lata andar cargando con el termo, bolsas, contenedor y popotes para todas partes, pero cuando fueron necesarios me agradecí muchísimo de haberlos tenido conmigo. No soy mucho de traer bolsa entonces decidí empacar todo en una mochila, la misma que uso desde hace 3 años para la escuela y el trabajo.

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En ella traía conmigo:

  • Dos termos: uno con agua que podía ser rellenado fácilmente, y que ayudaba bastante a evitar que mis hermanos o padres compraran agua embotellada cuando tenían sed. Y el otro termo de acero inoxidable que me sirvió para guardar bebidas preparadas como café, limonada, o por supuesto el agua de coco directo en la playa!! Yommm

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  • Bolsas de tela: traía como 3 o 4 siempre porque quería a toda costa evitar cualquier bolsa de plástico. Ya sea para guardar toallas mojadas o zapatos que se iban a cambiar o algo que se hayan comprado, me sirvió bastante traerlas conmigo y puedo decir que si evitamos todas las bolsas durante el viaje!!
  • Contenedor (tupper): este lo traía por si comprábamos fruta o algo así en la playa pero la mayoría de las veces me terminó sirviendo para guardar la comida que sobraba de la cena y comerla al siguiente día. Con el evité 3 contenedores de plástico/styrofoam que se hubieran tardado más de 500 años en degradarse!

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  • Popotes: yo solo tengo un popote de acero inoxidable que es el que uso, pero la verdad es que solo lo uso cuando la bebida requiere de popote (como una malteada o smoothie). Pero aquí decidí agarrar todos los popotes de plástico reutilizables que estaban en mi cocina y empacarlo, para que nadie de mi familia tuviera excusa alguna de utilizar desechables. Entonces en una bolsa de tela traía 5 popotes reutilizables, que me fueron de utilidad todos los días durante el viaje. A parte los popotes no pesan nada y con enjuagarlos quedan muy limpios para volverlos a guardar. Me salvaron super bien!!

Lo que me faltó fue cubiertos reutilizables. No me he hecho de ese kit y la verdad debí haber aunque sea agarrado unos de la cocina porque si había veces en que te daban el cubierto y ni cómo evitarlo. Ejemplo: mi papá se compró un mango preparado en la playa, nos lo sirvieron en el contenedor, pero para comérselo si tuvimos que usar un tenedor de plástico. Aprendizaje para la siguiente!

Planear mejor las actividades

Como les platiqué, en mi familia no es fácil tomar decisiones pues somos muchos y todos queremos cosas diferentes. Y hubo un día que por indecisión solo agarramos carretera y terminamos en una playa llamada Guayabitos. El lugar estaba increíble, muchos locales, el clima muy cómodo, pero en eso me entró el shock. Todos en la playa andaban con sombrillas y hieleras y comida!! Nosotros desamparados totalmente, y solo pensaba que en donde nos estábamos hospedando había hieleras y hielo y comida L Por suerte pudimos rentar una sombrilla y sillas pero si tuvimos que terminar comprando algo de tomar y beber para pasar la tarde ahí. A la otra mejor planear bien que vamos a hacer para evitar este tipo de circunstancias.

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todos disfrutando la playa en Guayabitos

Preparar comida con tiempo

Si vuelvo a viajar en carretera, como en este viaje, llevar muchos muchos snacks. Sobre todo si el tiempo en carretera es largo y no habrá paradas en restaurantes, era poco probable que encontrara algo rápido de comer que no esté empacado en plástico. Hasta la fruta la envuelven en plásticos incomodos. Llevar alimentos no perecederos como almendras, nueces, cacahuates o arándanos deshidratados me hubiera servido para evitar pasar hambre en esos largos tramos de tiempo.

Mi familia, como comenté arriba, me apoya pero no sigue al 100% este estilo de vida por lo que a ellos se les facilitó adquirir unas papitas, refrescos, y comida para llevar que estuviera empacada y con eso alimentarse durante el camino. Al final fue decisión mía aceptar esa consecuencia, sobretodo en el regreso en el que no comí nada y me esperé hasta la cena una vez que llegué a Monterrey.

Una reflexión importante

No sé si fue coincidencia pero justo antes del viaje me enteré de la iniciativa #5minutebeachcleanup, que consiste en que cuando visites una playa le dediques 5 minutos de tu tiempo a recoger la basura que veas ahí. La cantidad de plásticos en los océanos es impresionante, tanto que se supone que en unas décadas habrá más plástico que animales dentro de él. Y como no acostumbro ir a playas siempre pensaba que era por basura de los cruceros o barcos que ensucian el océano. Pero ahora que pude visitar varias playas la Riviera Nayarit entendí el problema.

Hice aproximadamente 7 limpiezas en el tiempo que estuve ahí, en promedio dedicándole 5 a 10 minutos y recogiendo lo que podía con las manos. En algunas de ellas me ayudaron mis hermanos y así pudimos recolectar un poco más. Me encontré basura que mi cabeza no entendía como llego ahí. ¿La tapa de un desodorante? ¿El plástico que va dentro de la caja de la pizza? Esa basura se arrastra y arrastra a la costa y luego lo arrastran las olas y termina siendo contaminado.

De verdad me dio otro entender sobre la magnitud de basura que dejamos en el planeta y dónde termina. La mayor tristeza que me dio es que en su mayoría eran objetos completamente desechables que utilizamos por menos de 5 minutos. Eso nos quita mucha responsabilidad de nuestros hábitos de consumo y uso.

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Tan bello que es el mar y seguimos contaminándolo

La verdad me alegra que haya tomado este reto previo a este viaje porque me dio oportunidad de apreciar muchas cosas de los lugares que conocí y darle otro valor a los recursos con los que conviví. Mis aprendizajes me ayudarán a reforzar mi compromiso para siguientes viajes y espero ahora sí evitar la basura a toda costa, y no solo la plástica 🙂

¿Tienen más tips que les haya servido en otros viajes?

Nos leemos!

Karla

Higiene sin residuos – Ducha

Nunca he sido una persona con una rutina estricta de baño. Con eso me refiero a que no tengo un apego particular a productos para mi cabello y piel. De hecho cambio seguido de marca de champú, acondicionador, jabón, exfoliante y desmaquillante. No tenía un criterio en específico para escoger los productos. A veces me decido por un ingrediente (hace poquito se pusieron de moda los champús con aceite de argán y adquirí uno), a veces por alguna promoción, a veces por costo, etc.

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Pero ahora sí tengo un criterio cuando hago mis compras de productos para la ducha: que no tengan empaque/no generen residuos). Antes de adentrarme a este nuevo estilo de vida era inconcebible para mí comprar champú no embotellado. Había visto recetas en línea para hacer tu propio exfoliante o incluso un jabón, ¿pero champú? Empecé a tener mis dudas si en realidad iba a poder no generar residuos en este aspecto.

Para mi sorpresa di con que existe el champú en barra. Este producto no es novedad, muchas marcas lo manejan desde hace tiempo. Pero para mí sí lo es porque no es una opción en los supermercados en donde adquiero mis productos, donde los pasillos terminan viéndose como una oda al petróleo. Tanto por los empaques plásticos como por el contenido de los mismos productos.

Pasillo de champú

Así que inicié mi investigación y para mi grata sorpresa me di cuenta que aquí mismo en mi ciudad hay productores de jabones y champús artesanales. Por lo mismo la mayoría de sus productos son naturales, completamente biodegradables, sin químicos que contaminan el agua y en su mayoría de veces hasta veganos. Al adquirirlos directo del productor es sencillo pedirles que estén libres de empaques de plástico, y a veces hasta te hacen descuento por comprar varios.

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Entonces, una vez que terminé las botellas de champú, acondicionador, crema para el cabello, jabón, etc. dije ¡adiós! Y cambié todos mis productos:

  • Champú
    • Antes: botella de aproximadamente 600 ml, me duraba como un mes y medio, pero el empaque dura más de 500 años hasta que se biodegrade. Difícil de reciclar y reutilizar.
    • Ahora: barra de jabón de chile de la marca Honi Artesanal, la cual maneja muchos otros “sabores”. Es 100% orgánico. El jabón es completamente biodegradable y por sus ingredientes ayuda a que el cabello crezca y esté fortalecido desde la raíz, y también le da mucho brillo y suavidad. Para aplicármelo solo enjabono bien mis manos y me lo paso directo por la raíz y lo voy esparciendo en mi pelo. Me dura aproximadamente un mes.

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  • Jabón
    • Antes: cualquier jabón de cualquier marca que encontrara. Tienen empaques de plástico pero no indican de qué tipo es, complicando su reciclaje y muchas veces terminando en la basura.
    • Ahora: Barra de jabón artesanal también de la marca Honi, el que estoy usando actualmente es de avena, que resulta ser un excelente limpiador y además exfolia y deja la piel muy suave.

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  • Acondicionador
    • Antes: una botella de 600 ml, como no me aplico acondicionador siempre este me duraba más tiempo, casi 2 meses y medio. Su empaque es igual difícil de reciclar y poco recolectado.
    • Ahora: Sustituí cualquier mezcla elaborada y ahora uso aceite de coco directo. Me pongo tantito en los dedos y lo aplico directo en las puntas de mi cabello. A veces me auxilio con mi cepillo pero en general solo le doy unas pasadas y me aseguro que se enjuague muy bien. El aceite de coco es biodegradable y esta marca que compre usa ingredientes naturales. Como solo uso poquito y el frasco es muy grande, creo que me da a durar casi 6 meses. Ya que termine reutilizaré el envase. Como es de vidrio seguramente lo utilizare para guardar comida en mi refrigerador.

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  • Crema de cabello
    • Este producto deje de usarlo por dos razones principalmente. La primera es porque no he encontrado sustituto directo sin empaque. Pero la segunda es porque dejé de creer que era verdaderamente necesario, era como aplicarme un segundo acondicionador. En su lugar mejor procuro cepillar mi cabello seguido y así logro que tome forma y esté sano y fuerte.
  • Exfoliante
    • Antes: una mascarilla de carbón activado que, honestamente, es muy buena y si me ayuda a limpiar la cara y granitos que me salían en el cuerpo por exposición al sol y demás. Sin embargo el empaque es muy incómodo. Me obliga a desperdiciar producto porque después de acabarlo no logro que salga todo por la tapa, tuve que cortar el empaque para poder vaciarlo por completo. Y pues además está hecho de plástico, que de nuevo no indican qué tipo es, complicando su reciclaje. No se puede reutilizar.
    • Ahora: compré este exfoliante a unas chicas en un mercado local y su marca se llama Ciré. Me encantó porque está hecho con materiales orgánicos y naturales. Además en el instructivo que te dan te proponen que reutilices la botella, la cual al ser de vidrio es muy fácil de lograr. Este producto me lo puedo aplicar en más partes de mi cuerpo y como tiene extracto de vainilla es muy relajante. Solo antes de usarlo lo debo mezclar muy bien. No me lo aplico diario así que seguramente me durará poco más de 2 meses.

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Así que, comprar con la mentalidad de no generar residuos tiene muchos beneficios en cuanto a la ducha se refiere. No solo reduzco mi impacto al medio ambiente, si no también apoyo a los productores locales de mi comunidad y además consumo en su mayoría productos 100% orgánicos y naturales, que benefician a mi cuerpo y a la naturaleza.

A mi cabello le costó unos días acostumbrarse a los nuevos ingredientes pero hasta ahora va todo bien. Debo aclarar que yo tengo cabello liso y muy grueso, y además tengo MUCHO cabello. De verdad mucho. Cada estética a la que he ido en mi vida me lo ha recalcado. Y pues reconozco que depende del tipo de cabello será la adaptabilidad de este estilo de vida. Lo que sí es que podemos intentar cosas nuevas siempre, quién sabe, quizás nos damos una sorpresa.

¿Ustedes también han cambiado los productos que utilizan en su ducha por algo con menos impacto? ¡Me gustaría conocer más marcas con opciones como estás! Por favor compártanmelas.

Nos leemos

Karla