El orden sí importa: la jerarquía de los residuos

“El futuro pertenece a aquellos que entienden que hacer más con menos es compasivo, próspero y duradero, y por lo tanto más inteligente, incluso competitivo”

– Paul Hawken

Creo que fue en cuarto de primaria cuando por primera vez conocí el término de las tres R’s: reducir, reusar, reciclar.  No era parte del contenido de una clase, sino una introducción para poder hacer un proyecto del Día de la Tierra en el que reutilizábamos una botella de plástico para hacer una manualidad.

Después empecé a reconocer el símbolo de las tres flechas en diversos lugares, a veces para explicar que el material era reciclable, y a veces para dar un mensaje ambientalista.

Fue hasta que me incorporé a este nuevo estilo de vida que he reconocido su valor, el porqué de ese orden, y más que nada cómo es que se aplica directamente a la generación de residuos. Así conocí la llamada jerarquía de los residuos.

La jerarquía

La inmensidad de residuos que generamos como sociedad es difícil de conceptualizar: cada año disponemos de 2.12 mil millones de toneladas de basura  – ¿en dónde toda esa basura?

La jerarquía de residuos es un orden de preferencia para el manejo eficiente de los recursos que busca reducir el impacto ambiental mediante la prevención, reutilización, reciclaje y recuperación, evitando en la medida de lo posible la disposición a vertederos. El movimiento cero residuos (zero waste) está impulsado por este modelo ya que quiere evitar a toda costa la disposición final de residuos mediante una serie de prioridades.

Coloquialmente le llamamos a este sistema como las tres R’s. Sin embargo recientemente se expresan “nuevas” R’s, como rechazar, repensar, recuperar, reparar, etc. Todas son válidas y todas forman parte de esta jerarquía, que al final, como ya comenté, lo que quiere conseguir es que se evite enviar los residuos a los vertederos o rellenos sanitarios. Pueden ser resumidas en las categorías de este diagrama, que por su orden y tamaño, indican la preferencia de acción conforme al uso de los residuos.

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Reducir

Reducir es esencialmente dejar de consumir. Por ejemplo para el uso sostenible de los recursos naturales se propone que se reduzca la cantidad de materias primas vírgenes, forzándonos como sociedad a encontrar alternativas de materiales que no pasen por el proceso de extracción que dañan y contaminan los ecosistemas.

Es el primer paso porque aquí buscamos que el residuo ni siquiera exista. Menos residuos significa menos materiales que tenemos que reusar, reciclar, recuperar o disponer (los otros rubros en la jerarquía).

Dentro de la R de Reducir podemos encontrar más R’s que nos guían a tomar mejores decisiones:

  • Rechazar: decir que no puede ser difícil al principio e intimidante para quienes no tenemos las mejores habilidades de comunicación social; pero tan solo pensamos en la cantidad de basura e impacto que evitamos con el simple hecho de rechazar! Pedir tu bebida sin popote, pedir que no te incluyan cubiertos y servilletas al pedir para llevar, comentar que no necesitas ticket de compra, decir no a cuando te entregan publicidad en la calle, etc. De la misma forma que rechazamos empaques plásticos o no biodegradables cuando hacemos nuestras compras.
  • Repensar/Reconsiderar: esta R está muy vinculada al consumo responsable, pues nos obliga a pensar más en qué es lo que compramos y a quién se lo compramos y por qué lo compramos. Desde los alimentos hasta nuestra ropa o muebles. ¿De verdad me voy a comer eso o solo estoy antojada? ¿Si necesito otro par de zapatos? ¿Habrá manera de comprarlos de segunda mano? Al pensar dos veces antes de adquirir algo podemos reducir en gran medida los residuos que generamos, la comida que desperdiciamos (1.3 mil millones de toneladas de comida son desperdiciados al año) y los objetos que nunca usaremos.
  • Rediseñar: una R clave para los tomadores de decisión. Ya sea que esté en proceso un nuevo producto, o se esté discutiendo una política pública en torno al medio ambiente, se debe tomar en cuenta esta jerarquía para el diseño de los mismos. Nuestros procesos actuales van alineados a una economía que promueve mucho la disposición final, pero dentro de nuestro sistema finito en recursos (la Tierra) debemos pensar en nuevas soluciones y nuevos productos que eviten este concepto. Por eso es muy importante que se incorpore esta R desde las discusiones iniciales: buscar mejores proveedores, materiales reciclados y reciclables, diseñar sin empaque o empaque mínimo, promover economías locales, incentivar las compras conscientes, etc.

Reducir termina siendo en su mayoría un paso de examinación y reflexión. ¡El 99% de las cosas que compramos terminan en la basura en un promedio de 6 meses! Esto deja en claro que muchísimas cosas que adquirimos ni siquiera las ocupábamos o no procuramos una opción más duradera y sostenible.

Reusar

Reusar es el hecho de volver a darle uso a un objeto que ya cumplió con su propósito original. Parece una acción muy sencilla, y lo es, sin embargo su práctica no es tan común como uno pensaría. Y  muchas veces es malinterpretado.

El típico ejemplo que se me ocurre es el del “papel reciclado”. Cuando estaba en secundaria las maestras nos empezaron a indicar que la tarea se podía entregar en lo que ellas llamaban papel reciclado. ¿Lo que era? Usar hojas ya impresas por el lado que no tenían nada escrito. Eso no es reciclar (más adelante la explicación de este concepto), y tampoco es reusar. La hoja de papel tiene dos lados – la hoja se usa por los dos lados. Usar el otro lado de la hoja de papel es simplemente usar la hoja.

Otro ejemplo claro es el rellenar una botella de plástico. Muchos amigos y alumnos me han dicho que no hay problema con comprar agua en botella que al cabo la “reciclan”, queriendo decir la rellena una vez que está vacía. De nuevo, eso no es reciclar. Rellenar la botella es reusar, pues solo se le está dando un segundo uso (aunque es el mismo) después del original.

Reusar o reutilizar es encontrarle un segundo uso a algo que ya fue utilizado sin necesidad de procesarlo. Reutilizar ropa vieja como trapos para limpiar la cocina o muebles, utilizar contenedores de paquetes como macetas, frascos de vidrio como contenedores de comida, etc. Todas las manualidades hechas con materiales “reciclados” son en verdad parte de este rubro de la jerarquía – simplemente estamos reusando los materiales para darles un segundo propósito.

 

Dentro del rubro de reutilizar podemos encontrar otras R’s:

  • Reparar: seguro todos hemos oído la expresión “ya no lo hacen como los de antes” refiriéndose a algún producto en específico. ¡Y es verdad! Muchos de los productos que adquirimos y usamos hoy en día están diseñados para descomponerse en un periodo de tiempo corto. Nos programan a los consumidores para ya no buscar reparaciones, si no sustituir por completo el aparato con uno nuevo. Este sistema no es equiparable con la jerarquía de los residuos y por supuesto que tampoco con el medio ambiente. Parte de este proceso es buscar que nuestros productos tengan un periodo de vida útil más largo, y reparándolos es una gran forma de lograrlo. Ya sea que se cayó un botón en tu camisa, se desatornilló parte de un mueble o se descompuso la televisión, buscar reparación va a evitar que dicho objeto termine como basura.
  • Restaurar (renovar, remodelar): esta R nos invita a hacer de las cosas que ya tenemos unas más bonitas para que nos vuelva a dar ganas de usarlas. Como tapizar un sillón que quizás ya está muy gastado y el color ya no combina con el resto de la sala, o cambiarle los botones de una chaqueta por unos más llamativos que vayan con lo que está de moda. Es simplemente embellecer nuestros actuales objetos para que sigan sirviendo y siendo usados.
  • Remanufacturar: a un nivel más industrial, remanufacturar sirve para aprovechar los materiales y partes ya disponibles y darles un segundo uso. Como cuando utilizan piezas de otros objetos para reparar el tuyo. Esto le ahorra a las industrias muchos recursos, entre ellos tiempo, dinero y materiales.

Reusar es un paso en la jerarquía que nos invita a ser creativos e innovar. Hay que trabajar con lo que ya tenemos y encontrar la manera de aprovecharlo.

Reciclar

Reciclar es el proceso de convertir o transformar materiales “desperdiciados” (que ya no tenían uso como estaban) en nuevos materiales y objetos. Como es un proceso, principalmente industrial, consume recursos para ser realizado, entre ellos agua, energía y mano de obra.

Reciclar es quizás la R más mencionada de la jerarquía. Mucho del reciclaje inició en el siglo pasado cuando se empezaron a reciclar piezas de metales durante las guerras mundiales para ser utilizadas en nuevos productos debido al alto costo de la extracción. Hoy en día la actividad se ha convertido en algo de moda pero también algo que motiva a las industrias y empresas a innovar, pues cada vez hay más requisitos a nivel gubernamental para incorporarlo a sus procesos. Incluso podemos encontrar certificaciones tipo ISO al respecto (ISO 15270:2008 e ISO 14001:200).

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Productos desechables hechos con materiales reciclados

Reciclar presenta por sí solo muchos beneficios: beneficios económicos pues genera empleos, y es una industria en constante crecimiento. Tan solo la industria de reciclaje de textiles en Estados Unidos emplea a más de 17,000 personas y cada vez se encuentran más aplicaciones para su uso como aislantes, fibra de panel y colchones, lo cual impulsa también la innovación con el uso de materiales.

También significa un ahorro en energía. Usar materiales reciclados consume menos energía que la consumida en la extracción. Para el caso del plástico es un ahorro del 66%; en el aluminio se consume la misma energía extrayendo material para una sola lata que para reciclar 20 latas.

Por último, reciclar evita muchas emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera (al igual que reducir y reutilizar). Al usar papel reciclado en lugar de virgen se reducen las emisiones de contaminantes al aire en un 73%. Si se reciclaran las dos toneladas de textiles que se desechan al año en Estados Unidos se reducirían las emisiones equivalentes a un millón de automóviles circulando por la calles. ¡Eso es un gran impacto!

Nosotros podemos promover el reciclaje desde nuestra trinchera al preferir productos hechos con material reciclado en lugar de virgen, separar adecuadamente nuestros residuos reciclables para facilitar su aprovechamiento y realizar composta (reciclaje natural de los residuos orgánicos). La primera es quizás la que más se promueve como una acción para reducir el impacto ambiental, porque no dejas de comprar – simplemente adquieres algo con “menor impacto”. Comprar productos reciclados ha sido la manera de hacernos sentir mejor con nuestras decisiones de compra, pero no es suficiente. Y es aquí donde a mí me causa tantito problema que se promueva tanto el reciclaje y no las otras dos R’s previas. Por ello reciclar es la tercer opción dentro de la jerarquía de residuos – sí ayuda a reducir los residuos desechados en rellenos sanitarios, pero no es la única solución.

Por ejemplo, en el caso del plástico, a pesar de ser completamente reciclable, cerca del 40% del total usado en el mundo termina en vertederos. Tan solo en Estados Unidos en el año 2012 se destinaron 32 millones de toneladas de plásticos a estos sitios. De los textiles cerca del 100% son reciclables y sin embargo solo se llega a reciclar el 16.2%. Nuestro sistema actual no está preparado para reciclar todo el material reciclable. Faltan muchas políticas públicas que forjen a las empresas a hacerlo, faltan muchos incentivos económicos, falta un gran cambio cultural. En él mientras, debemos seguir ese orden de jerarquía para evitar un mal aprovechamiento de los residuos.

Recuperar

Recuperar ha sido una iniciativa un tanto reciente y principalmente destinada al aprovechamiento energético de los residuos. En este rubro se realizan procesos para convertir los residuos en combustible líquido, biogás o electricidad.

En el caso del combustible líquido está el ejemplo del bioetanol, producido a partir de la fermentación de azúcares encontrados en biomasa (como residuos agrícolas)  o biodiesel, producido a partir de aceites vegetales o animales residuales. Estos combustibles son competitivos con otros combustibles en el mercado como la gasolina o diésel, y utilizados con muchas aplicaciones.   En Brasil por ejemplo la mayoría de los vehículos funcionan con bioetanol obtenido a partir del aprovechamiento del bagazo de caña de azúcar. En Reino Unido cuentan con una línea de tren funcionando con biodiesel producido de otros aceites desechados de otras actividades.

El biogás se obtiene a partir de la descomposición de materia orgánica en ausencia de oxígeno. Es un gas rico en metano y dióxido de carbono, dos gases de efecto invernadero con un gran potencial de calentamiento, por lo que es importante evitar su emisión a la atmosfera para prevenir problemas como el calentamiento global. La generación de biogás es considerada una fuente de energía renovable pues su producción es continua y no genera emisiones como tal. Este gas puede utilizarse en las mismas aplicaciones que el gas natural, incluso como combustible para transporte. Así mismo puede usarse de manera directa para alimentar un proceso industrial o generar electricidad.

Este proceso es familiar en mi ciudad. El relleno sanitario SIMEPRODE (Sistema Integral para el Manejo Ecológico y Procesamiento de Desechos) cuenta con dos celdas de descomposición donde se genera  electricidad a partir del biogás. Monterrey I genera 7.4 MWh (mega watt hora) y Monterrey II genera 10 MWh, los cuales alimentan la mayoría de la luminaria pública de la ciudad y el funcionamiento del metro (así que cuando viajas en metro en mi ciudad haces doble reducción de impacto ambiental = transporte colectivo + energía alterna). Además de la electricidad, el proyecto también funge como un comercializador de bonos de carbono que se venden en el mercado. Al año evitan un total de 560,000 toneladas de CO2 a la atmosfera, lo que equivale a evitar 170,000 carros circulando o bien la compensación que darían 500 hectáreas de árboles.

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Los generadores de electricidad con biogás en SIMEPRODE

La verdad es que con la cantidad de residuos que se generan actualmente y el ritmo de descomposición es suficiente para generar energía por los siguientes años. No debemos confiarnos en que todos nuestros residuos van a ser aprovechados como energía. Sigue siendo una opción versus destinarlos al relleno sanitario o vertedero, pero recordemos que según la jerarquía hay alternativas mejores para ellos.

Además no deja de ser riesgoso porque para generar energía por conversión térmica muchas veces se utiliza la incineración. Si la basura presente no estuvo bien separada hay riesgo de encontrar residuos tóxicos que en combustión generen gases contaminantes. Estos pudieran dañar el equipo de generación y también liberarse a la atmósfera.

Vertedero

Vertederos, rellenos sanitarios, basureros o tiraderos. Como sea que se les conozca todos significan lo mismo: el sitio donde se deposita finalmente la basura. Aquella basura que, en teoría, ya no consiguió otro uso y no pudo ser reducida o recuperada de acuerdo a la jerarquía.

Si los residuos llegaron al vertedero significa que algo en la cadena completa no fue planeado de la manera correcta. No se utilizó el material óptimo, no se diseñó apropiadamente el producto, no se buscó reparar o reutilizar el material del que estaba hecho, cuando fue desechado no se separó para su apropiado reciclaje o recuperación, etc. Este es el proceso que a toda costa queremos evitar pues aquí ya solo se compacta la basura y ya no tiene ningún uso. En una jerarquía “cero residuos” este rubro no existe.

Lamentablemente los vertederos o rellenos sanitarios han sido la solución a los residuos por mucho tiempo. De hecho es el método más antiguo que se conoce para lidiar con ellos y en muchos sitios sigue siendo el único debido a que no se cuenta con otro tipo de infraestructura (centros de acopio, plantas de reciclaje, generadores de biogás, etc.). Sigue siendo una solución más barata que reciclar o recuperar y en muchas ocasiones se realiza de manera clandestina, por lo que también hace falta regulación y políticas en el tema.

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Lo mínimo que se puede hacer es procurar que la disposición tenga el menor impacto posible. Que de haber materiales peligrosos sean confinados de manera apropiada, que si hay cuerpos de agua cerca o ecosistemas terrestres se evite cualquier derrame o dispersión de residuos (sobre todo de lixiviados), y que se tenga completo control sobre la infraestructura del relleno para maximizar su vida útil.

Podría decirse lo peor es cuando los residuos ni siquiera llegan a confinamientos controlados y terminan en ecosistemas naturales contaminando y dañando la biodiversidad. Aproximadamente 10 a 20 millones de toneladas de plástico terminan dentro de los océanos cada año. Muchísimas especies como aves, peces y mamíferos terminan atrapados entre pedazos de plástico flotando en el agua, y otros lo ingieren al confundirlo con comida.

El orden sí importa

Rechazar, reducir, reusar, remodelar, reparar, reciclar, recuperar… utilizar estas R’s en nuestro día a día nos orienta a tener una vida con un menor impacto ambiental, en la cual valoramos más lo que tenemos y nos convertimos en consumidores conscientes.

La jerarquía está diseñada para que se aplique a cualquier nivel, desde un consumidor hasta una industria. De hecho, también sirve como instrumento para que los gobiernos (municipales, estatales o federales) diseñen políticas públicas en favor de un aprovechamiento eficiente de los residuos.

Tener la jerarquía ha ayudado a fortalecer está dinámica para promover la inversión en políticas y soluciones más orientadas a la prevención de los residuos. Así mismo guía a los diseñadores y proveedores a una estructura de innovación para generar productos cada vez más amigables con el medio ambiente, con mejores materiales y con tiempos de vida útil más sostenibles. Al final, su uso provee instrumentos de planeación para quienes proponen soluciones en residuos en nuestra sociedad actual.

Así que, ¡a usarla! ¿ustedes ya la han implementado en sus vidas?

Nos leemos,

Karla

Fuentes:

The Balance, EPA, WorldWatch, FAO, Zero Waste International Alliance, Conserve Energy

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